No escribiste nada. No aceptaste nada. Igual sé todo esto.
Esto es una página web común. Sin app, sin permisos, sin cookies. Mirá lo que aparece.
Mientras leías esto
—
Cuánto tardás en leer, hasta dónde llegás, cuándo te distraés. Todo eso también se mide. Y ahora mismo se ve en la pantalla grande.
🔒 Esta página no tiene candado. Un sitio con candado —o sea, casi todos los que usás— además ve:
el modelo exacto de tu teléfono
cuánta batería te queda
cuántas cámaras y micrófonos tenés
cuánta memoria tiene el equipo, y si estás en modo incógnito
y con un solo toque en "Permitir": dónde estás, con precisión de metros
Tu identificador único
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Este número sale de combinar tu pantalla, tu placa de video, tus fuentes y tu configuración.
Cerrá esta página, borrá las cookies, abrila en modo incógnito: va a dar el mismo número.
Así es como te siguen entre sitios sin necesitar tu nombre.
Nada de lo que viste es un ataque. Es el funcionamiento normal de la web.
Un chico de 12 años entra a decenas de páginas por día, y en cada una deja exactamente esto.
Y esto lo hizo una persona en una tarde. Imaginate lo que hace alguien que se dedica a esto.
Tranquilos: esta página no guarda nada. Los datos viven en la memoria del programa
que controla quien da la charla, se muestran en la pantalla grande de forma anónima, y se borran cuando
se cierra. No hay base de datos, no hay disco. Para deducir la ciudad se consulta una base pública
de direcciones IP: exactamente lo que hace cualquier sitio que visitás.